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Antes que todo somos peatones

A veces se nos olvida un precepto básicamente lógico: siempre somos peatones, aunque manejemos carro, moto, bicicleta, autobús o camión.
 
Esa condición natural de movilizarnos por nuestros propios medios es más importante que la conducción de cualquier vehículo, y en sociedades más evolucionadas como las europeas el peatón tiene el derecho de paso.
 
Desde luego a cada derecho se antepone una responsabilidad y en esas ciudades se respetan los pasos de cebra como únicos lugares para atravesar una calle.  El desplazamiento peatonal se hace rápido y procurando despejar el paso para los vehículos y, en términos generales, la convivencia genera una mejor calidad de vida.
 
En nuestra sociedad tener un carro o manejar un vehículo parece ser que da una falsa, equívoca y aberrante sensación de poder.  La actitud luce como que quienes van al volante piensan: 'Si manejo un carro de lujo todo el mundo debe hacerse a un lado, darme paso o yo me hago mi propio espacio por encima del derecho ajeno, y si hay un accidente pago yo, mi seguro o mi ejército de abogados lo solventa'.
 
En el otro extremo, muchos conductores del transporte colectivo se cubren con el manto de impunidad que da salir corriendo de los accidentes, cual cobardes que no pueden ni siquiera enfrentar el resultado de sus acciones.  Son rápidos para maltratar, listos para ofender, pero capones para solventar sus acciones.  Esos que más gritan son los primeros que huyen de los accidentes que provocan.
 
Ser valiente no tiene nada que ver con pelear o disputar una riña.  Eso es ser temerario.  Ser valiente es actuar acorde a las circunstancias, para resolverlas.
 
¿Por qué no somos valientes para hacerle frente a la vida y vivir con mayor calidad y dignidad?
Basta con pensar que si alguien nos atropella, por su culpa o la nuestra, o le sucede a un ser querido, hasta allí llegará nuestra gran capacidad para pagar por los errores o solventar jurídicamente las situaciones.  En ese momento estaremos frente a nuestra concepción de un ser superior, quien nos dejará o no salir del aprieto.
 
Es tan sencillo, tan solo con ponernos en los zapatos de los peatones veremos reflejada nuestra realidad cuando atravesemos una calle.  Entonces evaluaremos nuestros derechos.  Pues bien, así respetemos los de los demás.

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