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Aceite quemado, ¿qué hacemos con él?

El lubricante utilizado por el sector automotriz representa uno de los principales contaminantes del medio ambiente en nuestro país.  Pese a ello y a los esfuerzos que realizan algunas compañías recicladoras, sólo se logra recolectar un 10 por ciento de los seis millones de galones de aceite usados cada año.
 
Es una contaminación que pasa inadvertida en la conciencia común, pero este aceite ha estado contaminando suelo y agua en forma negligente. 
 
¿Hacen cambio de aceite aquí?

Sí, así es.

¿Y qué hacen con el aceite usado?

Se recoge en toneles y el dueño de la aceitera se lo lleva para regarlo en los caminos de su finca.  El resto lo tiramos.


Este pequeño diálogo con el empleado de una aceitera refleja una práctica común que por años se ha seguido en nuestro país, para deshacerse del aceite usado de automotores.
 
Sin embargo, no es raro ver cómo muchas personas utilizan el aceite quemado para embadurnar la madera o los árboles, como una manera de protegerlos de las plagas.
 
También, muchos ganaderos lo usan como recurso para eliminar las garrapatas que se adhieren a la piel de las vacas y otros más lo depositan en las letrinas de fosa, para evitar el mal olor.  Otra costumbre más frecuente es vertirlo en el suelo para quemar basura y otros desechos, lo cual tiene graves consecuencias para el ambiente.
 
Estas formas de desechar al lubricante han traído secuelas ecológicas terribles que han pasado inadvertidas, pues el aceite derramado en el suelo se ha filtrado a los mantos acuíferos y el que se ha tirado en desagües se va directamente a ríos, lagos y mares.
 
Carlos Salvatierra, del Colectivo Madreselva, explica que el impacto ambiental no se ve a corto plazo.  'La infiltración del lubricante hacia los mantos acuíferos es lenta y su degradación puede durar cientos de años', dice el experto ambientalista.
 
De acuerdo con el Reporte Nacional de Manejo de Residuos en Guatemala, elaborado por el Centro Guatemalteco de Producción más Limpia,  el aceite contiene una serie de hidrocarburos no degradables biológicamente, que destruyen el humus vegetal y acaban con la fertilidad     del suelo.  El diagnóstico también explica que este tipo de desechos contiene sustancias tóxicas como plomo, cadmio y compuestos de cloro, los cuales contaminan la tierra.  Según los expertos, su acción se ve además reforzada por algunos de los aditivos presentes en su composición.
 
Por ejemplo, un litro mal manejado de ese hidrocarburo contamina mil metros cúbicos de agua, lo cual constituye el consumo anual de ese líquido para 50 personas.  Esa misma cantidad de aceite puede cubrir 32,376 metros cuadrados de agua superficial, alterando el equilibrio ecológico debido a que bloquea la luz solar, dificultando la fotosíntesis y la reposición del oxígeno disuelto, señalan algunos estudios.
 
Por eso es que la Organización Mundial de la Salud, OMS, ha llegado a clasificar a los lubricantes usados como residuos peligrosos, tomando en cuenta sus características tóxicas, venenosas y biológico infecciosas.
 

Un litro mal manejado de ese hidrocarburo contamina mil metros cúbicos de agua, lo cual constituye el consumo anual de ese líquido para 50 personas. 


 

Una de cal y otra de arena

Según el estudio de Manejo de Residuos, en Guatemala no se cuenta con estadísticas oficiales sobre la cantidad de aceite que usa el parque vehicular, ni cuánto se recolecta ni a dónde va a parar al final de su vida útil.
 
Sin embargo, de acuerdo con datos de la Superintendencia de Administración Tributaria, SAT, el parque automotriz del país es de un millón 302 mil 272 automotores, en el cual se incluyen automóviles, buses, cabezales y motocicletas.
 
De acuerdo con la opinión de técnicos automotrices, a un vehículo se le debe cambiar el aceite por lo menos tres veces al año.  Tomando en cuenta eso, se calcula que anualmente el parque vehicular genera en promedio seis millones 188 mil galones de aceite quemado.  Aún así, el estudio del Reporte Nacional de Manejo de Residuos en Guatemala, estima que la cantidad de aceites lubricantes que se utilizan anualmente en el país ronda los 7 millones 224 mil galones.
 
Ante ello, la pregunta y preocupación de muchos ambientalistas es: ¿a dónde va a parar esa cantidad de aceite al final de su vida útil?
 
La respuesta, según el Reporte Nacional de Residuos, es que 'en su mayoría es descargado en los drenajes o directamente en el suelo, por lo que constituye una fuente de contaminación peligrosa para los cuerpos de agua superficiales y para los mantos acuíferos'.
 
Desde 1990 existe un programa voluntario de recolección de este hidrocarburo, pero no tuvo el éxito deseado.  Después de eso, algunas empresas y compañías lo han recolectado y aprovechado como un combustible efectivo y barato.
 
Cementos Progreso, por ejemplo, es una de esas empresas que lo utiliza como combustible alternativo para generar energía en los hornos de fabricación del cemento.  Según el ingeniero Juan Pablo Mazariegos, gerente de combustibles alternativos de Cementos Progreso, la empresa tiene un convenio a nivel nacional con tres recolectoras del lubricante.  Mensualmente la compañía cementera utiliza cerca de 252 mil galones en sus hornos de procesamiento, explica.
 
Por otro lado, en nuestro país funciona un mercado informal de aceites usados que capta un porcentaje pequeño del total de residuos que genera el parque automotor.
 
Sin embargo, estos no tienen una preparación técnica ni medios para un eficaz tratamiento, acopio y traslado del aceite, dice el Estudio de Factibilidad para el Manejo Apropiado de Desechos de Alto Impacto Ambiental en Guatemala.
 
El aceite recolectado lo revenden en caleras artesanales, hornos de cerámica, fundidoras y aquellos lugares donde se requiera un combustible de alto valor energético.  Pero lo que preocupa a los ambientalistas es que estos lugares no son controlados por autoridad alguna, por lo que no existe seguridad de que las emisiones subsecuentes sean inocuas.
 
Mazariegos, por su parte, asegura que en el caso de Cementos Progreso el impacto ambiental en la atmósfera es mucho menor que si se tirara en los desagües o en el suelo.  'Los hornos de la compañía alcanzan temperaturas de más de 1,500 grados centígrados y el sistema de purificación reduce en un 99 por ciento las emisiones de gases y partículas sólidas nocivas, como hollín y carbón, explica el profesional.
 
Según los expertos, al quemar el aceite a temperaturas altísimas los contaminantes del aire producidos durante la combustión se minimizan y al instalar un purificador de gases a la salida de los hornos básicamente no habría contaminación.


De galón en galón

Cada mañana decenas de trabajadores de las recolectoras recorren cientos de negocios de cambio, con la intención de recoger el lubricante ya usado.  Según algunos datos, estas compañías pagan entre Q100 y Q120 por el tonel de aceite.  Pese a esos esfuerzos, el Reporte Nacional de Manejo de Residuos en Guatemala de 2003, señala que el porcentaje de recuperación fue únicamente del 9.3 por ciento.
 
Vani López, gerente de corporación Juva, una de las recolectoras, señala que aunque la cantidad de aceite recuperado es significativa, es un desecho 'que ya no está en el suelo ni va a parar al agua'.
 
Pese a ello, los estudios señalan que en el país hay una deficiencia en cuanto a políticas, leyes y reglamentos en el manejo de este tipo de residuos.
 
Por eso es que entre las recomendaciones del Reporte Nacional de Manejo de Residuos en Guatemala destaca la iniciativa de realizar programas de sensibilización empresarial y social para promover el manejo adecuado del subproducto.

Un cambio de aceite

Si has decidido cambiar el aceite de tu vehículo, deberás aceptar la responsabilidad de deshacerte adecuadamente del lubricante.  En la Municipalidad capitalina existe una norma que prohíbe verterlo en colectores de aguas pluviales y alcantarillas, pues éstas conectan con plantas de tratamiento residuales.  Los colectores de aguas pluviales conducen a los arroyos, ríos y lagos de nuestras comunidades, contaminando sus aguas en perjuicio de la fauna, la flora y los seres humanos.  Por ser altamente tóxicos, los deshechos no se deben arrojar a la basura, sino reciclarse en lugares específicos para ello.


 
Por Jeovany Ibañez 

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